lunes, 10 de febrero de 2014

El mapa cerebral del amor y el deseo sexual.


 ¿Existe alguna conexión cerebral entre el amor y el deseo sexual?
Una de las cuestiones más difíciles a los que se enfrenta la terapia de pareja es la relación entre el deseo sexual y el amor. Estos dos estados mentales que nos unen a otra persona han resultado ser muy complicados de desenredar.
 El primer estudio en examinar la diferencia neuronal entre el amor y el deseo sexual explora las áreas cerebrales que comparten y las diferencias en sus patrones neuronales. Un grupo de investigadores revisaron y analizaron 20 estudios donde se medía la actividad neuronal del amor y del deseo sexual de 309 participantes.
Se les pedía a los participantes de los estudios que miraran fotos de sus parejas o imágenes eróticas. Y resulta que encontraron que el amor y el deseo activan áreas específicas pero relacionadas en el cerebro. Las áreas cerebrales activadas son las que están involucradas en la emoción, la motivación y el pensamiento abstracto.
Éstos dos sentimientos activan regiones diferentes del cuerpo estriado. La región relacionada con el deseo sexual se activa cuando percibimos cosas agradables, como el sexo o la comida. Y la región relacionada con el amor, con el aprendizaje de conexiones entre comportamiento y recompensa. A medida que el deseo sexual se convierte en amor, pasamos a procesar la información sobre el objeto deseado y amado en un área distinta del cuerpo estriado.

Este hallazgo sugiere que el deseo sexual es algo más que una emoción básica, si no que implica la motivación dirigida a una meta y pensamientos más avanzados. Así, los autores de este estudio lo consideran como un estado de ánimo con un objetivo específico, mientras que al amor es un comportamiento que tiene un objetivo más abstracto, flexible y complejo.
 El amor no depende de la presencia física de otra persona.



 Fuente: http://taispd.com/el-mapa-cerebral-del-amor-y-el-deseo-sexual/



                                                                                                                   -Carla Martín.


Mindfulness y liberación del sufrimiento




buey-y-boyero
La finalidad del entrenamiento en mindfulness o atención plena es lograr la visión clara de las cosas tal como son, libres del ciclo ininterrumpido de procesos mentales condicionados, del apego y del rechazo.
¿Cómo se generan esos procesos mentales que tan fácilmente pueden atraparnos?
Fíjate que nos preguntamos “cómo” y no “por qué”. Una de las diferencias que existen entre una teoría y un modelo es que una teoría trata de explicar porqué ocurren las cosas, mientras que un modelo describe cómo funcionan.
De entre la infinidad de modelos que describen cómo funciona nuestra mente, este se presenta comorelativamente sencillo. También ha servido de base para obtener una visión clara de las cosas y liberarnos del condicionamiento, el apego y el rechazo, principales fuentes del sufrimiento, según la tradición budista.
Según este modelo, cualquier proceso mental ocurre siguiendo cuatro etapas, que pueden sucederse formando ciclos ininterrumpidos.
  1. En primer lugar, un proceso mental (la Conciencia o Viñana) registra la ocurrencia de un fenómeno.
  2. A continuación, otro proceso mental (la Percepción o Saña) juzga o evalúa ese fenómeno y le adjudica una etiqueta del tipo “positivo” o “negativo”, “bueno” o “malo”, etc.
  3. De forma prácticamente inmediata, un tercer proceso mental (la Sensación o Vedana) establece de forma condicionada una asociación entre esa “etiqueta” y una sensación corporal o una emoción, que nos resultará “agradable” o “desagradable”.
  4. Y por último, y de forma también totalmente condicionada, un cuarto proceso mental (la Reacción o Sankara) genera apego por lo que hemos etiquetado como “agradable” y aversión por lo que hemos etiquetado como “desagradable”.
Toda esta secuencia de procesos ocurre de forma prácticamente instantánea y condicionada, manteniéndonos presos en una alocada rueda de pensamientos y emociones, privándonos de la libertad de estar presentes aquí y ahora en cada instante, de forma espontánea y haciéndonos repetir una y otra vez nuestros errores.
Analicemos este proceso de forma algo más detallada, deteniendonos en algunos de los principales autoengaños que implica.
El primer autoengaño ocurre cuando creemos que nuestra conciencia registra “la realidad”, mientras que sólo registra un “mapa” o “representación” de la realidad. La Conciencia elimina parte de los elementos de la realidad. Porque nuestra atención está sesgada: como resultado de condicionamientos anteriores sólo registramos lo que tiene un lugar cómodo en nuestra visión parcial del mundo, lo que confirma nuestras creencias y suposiciones acerca de “cómo son las cosas”.
El segundo autoengaño ocurre cuando creemos que los fenómenos poseen “en sí mismos” las cualidades de “bueno” o “malo”, “positivo” o “negativo”. Para poder hacerlo, necesitamos generalizar, es decir, dejamos de considerar el fenómeno como tal, para considerarlo como parte de un tipo o clasificación y de esa forma le aplicamos las etiquetas no por el fenómeno en sí mismo, sino por la “clase” a la que creemos que “pertenece”. De esta forma, no sólo aplicamos etiquetas erróneas, sino que creemos firmemente que esas etiquetas son de hecho “propiedades” del fenómeno.
El tercer autoengaño es el que genera las sensaciones y emociones condicionadas. Para ello, necesitamos distorsionar el fenómeno, aplicandole conexiones con otros de nuestro pasado o de nuestra imaginación, que nos permiten “deducir su significado” y, en función de con cuales lo hemos relacionado, considerarlo “agradable” o “desagradable”.
El cuarto autoengaño se produce cuando creemos que estamos reaccionando al fenómeno que en ese momento actúa como estímulo, mientras reaccionamos a toda la cadena de condicionamientos asociados con las percepciones y sensaciones que hemos creado a lo largo de nuestro pasado. Así, cuando tenemos miedo o deseo por un acontecimiento presente o futuro, solemos ignorar que esa reacción, más que por el propio acontecimiento, que puede incluso aún no haberse producido o no llegar a producirse, está condicionada por el recuerdo de otros sucesos que consideramos como de la misma clase, o conectados con éste.
El resultado es que, en lugar de estar plenamente vivos y conscientes del aquí y ahora, vivimos una “realidad virtual” de apego o rechazo generada por el peso de nuestras experiencias pasadas. Y cada experiencia nueva, a menos que consigamos recuperar la visión clara, será registrada, etiquetada, sentida y actuada no como ella misma, sino a través de nuestros patrones condicionados.
Y esta es la razón por la que repetimos una y otra vez nuestros mismos errores y por la que “nos parecemos tanto a nosotros mismos”.
Lo que la práctica de mindfulness nos ofrece es un camino rápido y sencillo, aunque no necesariamente fácil, para recuperar la naturaleza esencialmente clara de la mente, la visión clara de las cosas tal como son, libres del condicionamiento y de sus consecuencias inmediatas: el apego y el rechazo.
Es un método de extraordinaria eficacia para “desprogramarnos”, descondicionarnos y poder actuar con libertad y eficacia ante las cosas como son, en lugar de “reaccionar” ante los espejismos distorsionados que nos evocan.
Es un camino de vuelta a casa, donde nos esperan la espontaneidad, la libertad, la paz de la mente y la armonía con nosotros mismos, con los demás y con todo lo que nos rodea.




Fuente: http://sanchezmota.wordpress.com/2013/12/27/mindfulness-y-liberacion-del-sufrimiento/



                                                                                                                                -Carla Martín .

Felicidad y Voluntad (Zoel Torres Gil)


El optimismo inteligente (Mª Esther Hernandez)


¿Por que me siento culpable? (Mª Esther Hernandez)


¿Por qué me siento culpable?





El sentimiento de culpa es un estado de disgusto hacia nosotros mismos cuando creemos que un tercero ha salido perjudicado por nuestros actos. El objetivo del sentimiento de culpa es la reparación, es decir, hacer algo que repare el daño que presuntamente hemos causado.
A pesar de su mala fama, es un sentimiento necesario, ya que nos pone límites, y nos hace respetar los derechos de los demás.
Sin embargo, todos sabemos que hay ocasiones en las que "sabemos" que no nos debemos sentir culpables, y sin embargo no podemos evitarlo. ¿Por qué?

Partiremos de la base de que el ser humano es un sistema complejo de la naturaleza, y todo lo que permanece en un sistema es porque está sirviendo para algo, pero ¿Para qué podría estar sirviendo esta culpa aparentemente irracional?

Pongamos un ejemplo, pensemos en Juan, un hombre que ha enviudado hace unos meses. Durante la enfermedad de su mujer se sintió culpable por no poder "salvarla", y ahora, cuando han pasado unos meses de su muerte, sale con sus compañeros de trabajo a cenar, y se lo está pasando bien, cuando de repente, se da cuenta de que está disfrutando, automáticamente se siente culpable, deja de sonreír, se despide (o no) de sus amigos, y se va a su casa. ¿Qué ha pasado?
Esta situación será más comprensible para nosotros si conocemos lo que es la culpa defensiva. En principio pueden parecer términos antagónicos, ¿puede la culpa protegernos de algo? La respuesta es sí. La culpa puede protegernos del sentimiento de impotencia ante una realidad dolorosa.
Este es un concepto muy estudiado y comprobado en niños maltratados, los cuales forman una imagen de sí mismos como inadecuados y merecedores del castigo, porque genera muchas más ansiedad pensar que los padres, que son los que le tienen que proteger a uno le maltratan, que pensar que el culpable es uno, y que cuando seamos buenos, no nos pegarán más. Es más llevadero ser un pecador en un mundo gobernado por Dios que vivir en un mundo gobernado por el diablo. Nos resulta más doloroso sentir que no tenemos ningún control sobre las cosas malas que nos pueden pasar, que sentir que somos malos.

Entonces, volviendo al caso de Juan, podemos entender que cuando su mujer enfermó, para él era menos doloroso pensar que había algo que podía hacer y no lo estaba haciendo (lo cual le generaba culpa) que asumir que no había nada que él pudiera hacer para salvar la vida de su mujer. Ahora mismo, también necesita seguir sintiendo que todavía hay algo que puede y debe hacer, por lo que cuando se sorprende a sí mismo divirtiéndose se siente culpable por no estar haciéndolo.

Poco a poco Juan podrá ir asumiendo la realidad en la que vive y su falta de control para recuperar la vida de antes. Esto en un principio generará un gran dolor, pero poco a poco podrá ver que todavía tiene elementos en su vida que le permiten construir una vida con sentido y que merece la pena ser vivída. El dolor, la pena y el sufrimiento es algo inevitable cuando perdemos a un ser querido, pero la culpa no, la culpa está al servicio de la fantasía de control.

Por supuesto, la culpa defensiva no explica todas las situaciones en las que sentimos culpa, pero es un concepto a tener en cuenta cuando nos enfrentamos a un sentimiento de culpa que por otro lado reconocemos como injusto.

sábado, 8 de febrero de 2014

El éxito (Aída Franco Rivero)

Todos en algún momento de  nuestra vida, nos hemos preguntado como podemos llegar a tener  éxito en nuestras vidas .Este es un buen video que se acerca a la definición y da pautas de como llegar a él.
Es un video que te ayuda a recapacitar sobre lo que te gusta y lo que importa.Lo recomiendo ,también recomiendo reflexionar.

Usa protector solar (Aída Franco Rivero)